¡Mira Mamá, Tengo Cien Mil Dólares!

“¡Mira, mami, tengo cien mil dólares!” gritó mi hija desde su habitación mientras yo subía las escaleras con su niñera.

Cien mil dólares pensé, ¿de dónde los habrá sacado? Desde luego no de su venta de limonada de la semana pasada.

Mientras yo entraba a su habitación, ella me saludó con su calculadora rosa favorita--con el número 10,000,000 escrito en ella. “¿Ves mami?” exclamó.

¡Cien Mil Dólares!

¡Cien Mil Dólares!

Claramente, tenemos que trabajar en el hecho de que escribir un número en tu calculadora no hace precisamente que el dinero aparezca, pero, ya sabes, ya hablaremos de ello.

“Ohhh,” respondí. “Me gusta cómo hablas de los números grandes, pero ese número en realidad son diez millones.”

“¿Diez millones?” preguntó ella.

“Ohhhhhh. Diez millones,” repitió mientras miraba el número y empezaba a contar los ceros.

“¡Mami, este tiene un uno y siete ceros!”

“Es correcto,” respondí. “Tiene un uno, y siete ceros.”

Incluso antes de que yo acabase mi oración, Isabella ya estaba escribiendo un número nuevo en su calculadora.

“¿Qué número es este, mami?” preguntó.

“Mil,” respondí.

“¿Y este?” preguntó ella después de agregar otro cero.

“Diez mil.”

“¿Y este?”

“Cien mil.”

Ella continuó agregando ceros hasta que su calculadora alcanzó su límite de ocho dígitos--diez millones.

“Mira, mamá, son diez millones” gritó con orgullo.

“Es correcto. Estoy muy orgullosa de que hayas recordado tu nuevo número,” respondí.

Continuamos jugando con la calculadora por alrededor de treinta minutos más.

Mi hija escribiría números aleatorios y luego yo se los leería:

catorce millones, quinientos setenta y ocho mil, doscientos;

nueve mil cuatrocientos sesenta y seis;

cincuenta y cuatro mil cuatrocientos noventa y tres.

¡Los números grandes no dan miedo!

¡Los números grandes no dan miedo!

Sé lo que estás pensando: ¡mi estudiante de preescolar es muy joven para estar hablando de números tan grandes! Sí, ella no es necesariamente capaz de entender el concepto de diez millones y cómo este se relaciona, por ejemplo, el número diez (y los diez crayones que tiene en la mesa) pero es capaz de verlo escrito y notar los patrones mientras ella cuenta los múltiples números redondos contigo: diez, cien, mil, diez mil, cien mil, un millón, diez millones. Ella tampoco es demasiado pequeña para oír a los adultos usar números grandes en una conversación diaria. Si hablamos de cincuenta y cuatro mil cuatrocientos noventa y tres es lo mismo que si hablamos de ocho, estamos enseñándole a nuestros preescolares que los números “grandes” no dan miedo, son parte de nuestra vida, al igual que los números “pequeños”. Exponer a tu preescolar a números “grandes” y “complicados” a una edad temprana, ayudará a que construyan su confianza con los números y, más adelante, construyan su confianza en sus habilidades sujetas a matemáticas en general.